Todos queremos disfrutar de una Navidad sin sustos ni contratiempos y para ello debemos tener en cuenta que, aunque se trate de pocos días al año, no somos inmunes a los excesos.
Supongamos que una comida o una cena "normal" para una persona determinada son 1.000 calorías, y que con esta comida, esta persona, no se queda con hambre. Si en una de estas cenas o comidas señaladas se excede e ingiere, por ejemplo, 2.600 calorías, para recuperar el peso tras las fiestas, deberá ingerir sólo 600 calorías durante cuatro comidas, lo que probablemente supondrá un esfuerzo mucho mayor que la satisfacción obtenida por el exceso previo. La idea es disfrutar siendo responsables. Moderando los excesos.
El perjuicio de los alimentos deriva de una ingesta excesiva. Es por ello que ningún alimento debe ser proscrito en nuestros menús navideños, menús que con frecuencia respetan una tradición que se ha ido forjando en nuestras familias a lo largo de generaciones y que forman parte de nuestra cultura culinaria. Pero si debemos evitar los excesos y con ellos sus consabidos efectos secundarios como pesadez de estómago y dolor de cabeza.
Los conceptos de grasa buena o mala atienden a la capacidad de los nutrientes de modular los niveles de colesterol en sangre. Mientras que la grasa buena reduce los niveles plasmáticos de colesterol y es cardiosaludable, el exceso de grasa mala se relaciona con niveles elevados de colesterol. Esto significa que los turrones duros y blandos principalmente -abundantes en almendras- y otros turrones con frutos secos, además de mazapanes y guirlaches, serán los dulces que deberán elegir las personas con colesterol alto, olvidando los polvorones. Sin embargo, no se deben consumir sin medida: la mayoría de personas con hipercolesterolemia sufren también exceso de peso, y el elevado aporte calórico de turrones, mazapanes y guirlaches desaconseja que abusen de ellos.
El turrón, los mazapanes y los guirlaches se elaboran con miel, azúcares y almendras. A la mezcla se pueden añadir otros ingredientes (clara y yema de huevo, frutos secos, pastas de frutas, chocolate, cacao, nata, harinas, cereales hinchados, licores, etc.), además de agua y aditivos autorizados. Estos dulces son alimentos muy energéticos y con un alto contenido en grasa, aunque la mayor proporción de ésta la constituyen los ácidos grasos insaturados (grasa buena), abundantes en los frutos secos empleados. Esto no incluye a los polvorones, uno de cuyos ingredientes básicos es la manteca de cerdo o la mantequilla (ambas ricas en grasa saturada, grasa mala), mezcladas con harina y saborizantes (canela, vino, limón…).
Los frutos secos (almendras, piñones, nueces…) y las frutas desecadas (orejones, ciruelas y uvas pasas…) constituyen una alternativa dulce, deliciosa y más saludable a los típicos productos navideños, sin olvidar que se trata también de alimentos energéticos. En los frutos secos abundan las grasas “buenas”, aunque muy calóricas, y las frutas desecadas son “concentrados” de azúcares sencillos. Esto obliga a consumirlos con moderación en caso de seguir dietas de control de peso, de grasa o azúcares.
Además de la comida, también tenemos que vigilar el consumo excesivo de alcohol, ya que nos puede perjudicar en diferentes aspectos. Todas las personas, tanto sanas como enfermas, deben controlar los excesos de alcohol en estas fechas.
Expertos nutricionistas aconsejan disfrutar con moderación los días festivos de Navidad y no romper los hábitos alimentarios ante las próximas fiestas navideñas en las que se calcula que se puede aumentar una media de tres a cinco kilos. Si no abusamos de ellos podemos de darnos el gusto de consumirlos.