La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Y con motivo de esta celebración se acostumbra no comer carne.
Dice la tradición que en los viernes de Cuaresma y los miércoles de ceniza se debe hacer ayuno.
La celebración concluye el domingo, con la Pascua de Resurrección y donde nuevamente dice la tradición se puede volver a comer carne.
De hecho, hay alimentos que son característicos y tradicionales del Domingo de Pascua, que poseen orígenes diversos:
Para encontrar sus orígenes es preciso remontarse muchos siglos atrás cuando la iglesia católica prohibía comer huevos durante la Cuaresma. Los fieles los conservaban en sus despensas para que no se estropearan (los cocían y los cubrían con una fina capa de cera) para, una vez pasada la restricción, regalárselos a sus seres queridos el Domingo de Pascua.
El conejo de Pascua no es un invento moderno. Tiene su origen en las celebraciones anglo-sajonas pre-cristianas. El conejo, un animal muy fértil, era el símbolo terrenal de la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril.
El conejo, como símbolo de Pascua, parece tener sus orígenes en Alemania donde es mencionado por primera vez en unos textos del siglo XVI. Los primeros conejos comestibles se fabricaron también en Alemania en el siglo XIX.
Al parecer la Rosca de Pascua nació en Italia, más precisamente en Bolonia, con el fin de complementar al ya tradicional huevo de pascua. Pasteleros de esas tierras crearon un simple pan leudado, cuya receta llevaba como base leche, huevos y harina. Dicho pan, endulzado y en forma circular de rosca o "nido", se decoraba en su interior con huevos duros.
Obedeciendo un mandato dietético para la Semana Santa que tiene casi 20 siglos, el consumo de pescado sube de manera desproporcionada en estas fechas. Debido a esto, la empanada gallega es una de las comidas tradicionales consumidas durante la semana santa.